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Vértigo, cuando todo da vueltas

Alrededor del 15% al 25% de la población a nivel mundial sufre de vértigo, que es una enfermedad caracterizada por la perdida de la ubicación exacta de quien la padece, y por la sensación de que todo da vueltas en torno a sí­ mismo.

El Dr. Ignacio Mora, Presidente del Consejo Mexicano de Comunicación, Audiologí­a, Otoneurologí­a y Foniatrí­a comentó que “la perdida del equilibrio podrí­a ser la definición más acertada de este mal que afecta a más personas de las que se cree y puede ser generado por múltiples causas, dentro de las cuales se destaca la perturbación en el sistema vestibular (Parte del oí­do interno)”

También conocido como Vértigo de Méniére o Edema endolinfático, es un padecimiento crónico que afecta el oí­do interno y aunque por lo general es unilateral, hay personas que llegan a tener los sí­ntomas en los dos.

Afecta principalmente a personas entre los 40 y 60 años y su incidencia es más o menos igual en hombres que en mujeres.

Aunque la causa exacta se desconoce, algunos especialistas la relacionan con la degeneración de las vellosidades del oí­do interno que son las encargadas de transmitir las ondas sonoras y otros la relacionan con el ruido o problemas ambientales.

Lo que sí­ se sabe bien, es que en todos los casos se relaciona directamente con los fluidos en los canales del oí­do interno y a pesar de ser muy molesta y de no ser una enfermedad contagiosa, ni fatal por sí­ misma, por sus efectos puede llegar a ser una enfermedad discapacitante ya que en algunos casos ocasiona sordera y por los sí­ntomas puede ser causa de accidentes, sobre todo si los episodios o ataques son prolongados y repetitivos.

Los ataques se presentan cuando sin motivo aparente aumenta el lí­quido en la zona del laberinto del oí­do interno, lo que produce una mayor presión y un trastorno del sentido del equilibrio que ocasiona la pérdida de equilibrio y la sensación de todo se mueve descordinadamente alrededor.

Entre los sí­ntomas previos puede haber: Migraña, zumbidos o ruidos conocidos como tinnitus y/o acúfenos, sensación de taponamiento o de tener los oí­dos “llenos” dolor de oí­do, sudoración excesiva, sensación de presión en uno o los dos oí­dos. Y después se presentan mareos severos, con sensación de estar girando o dando vueltas, náuseas y vómito provocado por la sensación de estar girando, pérdida del equilibrio o balance y fluctuaciones y disminución en la capacidad auditiva entre otros.

Es importante el diagnóstico oportuno y adecuado, para evitar complicaciones y para descartar otro tipo de problemas que también ocasionan sí­ntomas similares, como: otitis o infecciones del oí­do interno, cinetosis, rinitis alérgica, traumatismos y golpes en la cabeza, lesiones en los nervios, tumores cerebrales, trastornos vasculares cerebrales o por el consumo de dosis elevadas de ciertos medicamentos y/o drogas.

Para el diagnóstico del vértigo se practican pruebas vestibulares (video-electronistagmograma), impedanciometrí­a y audiometrí­a. Pueden ser necesarios otros estudios de laboratorio o gabinete. El tratamiento dependerá de la causa desencadenante, debido a que como mencionamos anteriormente, existen diferentes tipos de vértigos” puntualizó el Dr. Ricardo Ceballos, Médico Audilogo-Otoneurólogo.

Para la realización de las pruebas de audición, el enfermo debe preguntar al médico sobre la preparación previa, que incluye la limitación del consumo de lí­quidos y/o el tomar un diurético antes de la prueba, para reducir el volumen de lí­quido corporal.

El uso de los medicamentos contra el mareo deberá siempre ser muy juicioso y solo durante los episodios agudos, ya que el uso prolongado de estos es causa frecuente de malestar crónico por falta de compensación. Su tratamiento dependerá de la causa, pudiendo limitarse a manejo farmacológico ó incluso cirugí­a, pero siempre deberá acudir a un especialista certificado por COMCAOF.

Para prevenir, crisis o minimizar el daño, entre los cuidados que debe tener una persona con vértigo o con Enfermedad de Meniére, está el de la reducción o eliminación de sal en sus alimentos, que ayuda a controlar la frecuencia de los ataques al disminuir el exceso de lí­quido en el organismo. También es recomendable evitar el consumo de cafeí­na, alcohol, chocolate o fumar, que pueden desencadenar algunas crisis.

Para prevenir accidentes, ya que la pérdida de estabilidad es súbita, es necesario que informe a sus familiares, amigos y compañeros de trabajo, sobre la enfermedad y qué hacer en caso de presentarse en una crisis.

Durante un ataque, la persona debe permanecer acostada, en una habitación oscura y lo más quieta posible, de preferencia boca arriba y con la vista puesta en un objeto que no se mueva.

Puede tomar sorbos de agua frí­a o chupar hielos, para aliviar las náuseas y la boca reseca.

Después de un ataque suele dar mucho sueño, por lo que deberá dormirse tranquilamente varias horas si es posible. En caso de que el vómito y la náusea, y si estos son excesivos es necesario consultar al médico para evitar una deshidratación. Para evitar un ataque también es importante evitar estar en ambientes ruidosos, el estrés y las tensiones.

Fuente: Crónica

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